¡VALORES DE NUESTRO PUEBLO!

“Unidad de las Familias”
Diciembre, 2008 | Ma. Guadalupe Raquel Castañeda C

Después de la navidad, ¡fui a vivirla! en Milpillas de allende Zacatecas. El aire puro y fresco nos ubica en el tiempo propio de estas fiestas de invierno; el campo aún se ve verde, por los árboles que se divisan en los cerros y el pasto semeja una alfombra de oro sobre el fondo rojo de la tierra. La carretera pavimentada ya casi hasta las orillas de nuestro pueblo parece un río de azul intenso que llega impetuoso a visitarnos.

 En realidad lo central para mí, en esta ocasión, fue el encuentro con mis padres, y demás familiares y paisanos. Observé algunas personas que de ordinario no viven ahí, unas, que me eran casi totalmente desconocidas, acompañadas de sus hijos o sus nietos y que al cruzar palabra ¡resultaban parientes!  Fue el caso  de una Señora acompañada de un niño, que en el  cruce del “Conejo”, discretamente pedía “rait”, me paré solo para decirle que en realidad el vehículo iba lleno de cosas y que no era posible llevarlos, me doblegó la voz del niño que mirando al fondo del auto lleno de cajas y costales dijo: “yo me voy en esa orillita”, ¡no se necesitó más!, hicimos campo y nos acompañamos de regreso a Guadalajara; resultó ser Ma. Concepción Barrera y uno de sus nietos, que en medio de sacrificios y mil peripecias para llegar, había ido a visitar a su Mamá.

En el ambiente de Milpillas había respirado paz, alegría familiar, entusiasmo de vivir, y con la bendición de mis papás una cierta nostalgia teñida de fortaleza y de gozo que me hace sentir parada sobre la tierra. Pensé en el gran valor, que aún nos distingue como Milpillenses: “la unidad de las familias”,  en donde hemos aprendido a trabajar, a compartir, a perdonar,  y claro que como toda institución humana, la familia está amenazada por los conflictos interpersonales y costumbres que debilitan y atentan contra los lasos que la hacen ser; cosa que me hace experimentar miedo, confusión, angustia… y pensé en la Sagrada Familia “Jesús María y José” que en medio

de acontecimientos y dificultades que bien se podrían sintetizar como “amor-dolor”, supieron ser fieles, a si mismos, a Dios y a la humanidad. A su proyecto personal de formar un matrimonio,  al proyecto de Dios al servicio de la humanidad, al ser los padres del Hijo de Dios y entregarnos al  Salvador. Me sentí impulsada a honrar a los que me dieron la vida y generosamente han cuidado de ella; a luchar por la unidad y fraternidad de  la familia, a ser fiel a mi misma y mis valores, así como a seguir luchando por ser feliz en mi nueva familia que es mi comunidad.

Por lo general, todos esperamos crecer, superarnos y triunfar en esta vida y esto es posible principalmente gracias a  las raíces que nos vienen de una familia bien integrada. Creo que tus raíces son fuertes y si no ¿tú de cuales raíces quieres ser para tus hijos?

Ma. Guadalupe Raquel Castañeda C.
Hna. Catequista de Jesús Crucificado

P.D. Oremos por la unidad de todas y cada una de nuestras familias y por el VI
Encuentro Mundial de  las Familias que se celebra  el mes de enero 2009 en la ciudad de México.

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