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¡VALORES DE NUESTRO PUEBLO! “Trabajar por el bien común” A la orilla de Milpillas hay un árbol… Hace tiempo en una de mis pocas aunque más o menos frecuentes idas a Milpillas, viajaba en el tradicional camioncito, eran como las 6 de la tarde, el sol se estaba poniendo, sus rallos dorados pitaban el firmamento; las casas aparecieron de forma imprevista al terminar de subir la cuesta de “los Sauces”, con todo, llamó mi atención una escena que pude contemplar fugazmente, mientras pasábamos en el vehículo: a mano derecha una Señora y un Señor (creo que era Chepina y Melchor Rivas) labraban la tierra; parecía que ya tenían buen rato, a juzgar por el montón de arcilla rojiza, que se divisaba a la orilla de un pozo que se traslucía a distancia entre los matorrales. ¿Qué hacían? Pude ver que ella detenía con sus manos un pequeño árbol, mientras él, lanzaba a su alrededor fuertes paladas de tierra intentando que se sostuviera solo. |
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Sentí una luz de esperanza que alegró mucho mi corazón, me sentí orgullosa de mi pueblo y de mi gente, mi imaginación vio una hilera de árboles (que completaba la que ya existe) a ambos lados de la carretera, y al llegar, un gran letrero que decía: ¡bienvenidos a Milpillas tierra de gente acogedora y laboriosa! Bueno, !algo así!. Me recordé de los testimonios que nos daban nuestros padres cuando nos narraban la historia de la forma comunitaria en la que se hizo la primera escuela, aproximadamente en 1920; la reconstrucción del templo: el techo de bóveda y los pilares en 1937 con la participación de hombres, mujeres, jóvenes y niños, llevando después de Misa, desde “el Gorgorito” los ladrillos que podían para dicha obra; y a finales de 1953 la construcción de la brecha “del Conejo a Milpillas” (sin apoyo del gobierno, motivados por el Padre Reinaga) con la colaboración casi espontánea de gente nueva, hasta ancianos, unos a pie otros a caballo, con las herramientas que cada quien tenía, se trasladaban al trabajo que parecía les era como propio; el primer centro de salud igualmente y la segunda escuela… Con razón Jesús dijo: “Donde dos o tres se reúnen ahí estoy Yo”, porque Él es comunidad, amor y solidaridad. Esto me llevó a concientizarme de que es válido exigir al gobierno su aporte necesario en bien de nuestra comunidad, pero, también ¿Por qué esperarlo todo de los demás? ¿Por qué no empiezo yo? ¿Qué pasaría si aunque sea, embelleciéramos cada quien nuestra propia casa, reconstruyéramos nuestra propia cerca, tapáramos algunos hoyos de nuestra propia calle?, Si plantáramos otro árbol?… Esto Me motivó a poner mi granito de arena, por sencillo que sea, comenzando por mi propia habitación, la casa de mis padres. Y estos dos fines de semana pasados que fui a Milpillas, junto con mis hermanas y hermanos, nos pusimos a hacerlo. |
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Ma. Guadalupe Raquel Castañeda C. |
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